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Tanzania 5, de Kikuletwa Hot Spring a Arusha

Tanzania 5, de Kikuletwa Hot Spring a Arusha

Mucho asfalto... ¡por fin!

septiembre 112017

Despertamos bien temprano tras una tranquila noche acompañada por los sonidos de los animales, sobre todo monos, que correteaban por encima de la tienda. Momentos impagables que somos afortunados de disfrutar.

Salimos temprano rumbo a Arusha. Va a ser un día tranquilo, tenemos una pequeña zona de caminos y después saldremos a la carretera que une Moshi con Arusha. Es una carretera muy transitada, ¡esperemos no tener muchos problemas!

Salimos tranquilamente, ya se van notando los días y los kilómetros, y el terreno está muy, muy roto, y nuestros cuerpos piden descanso. Desandamos lo andado el día anterior, volviendo sobre nuestros pasos hasta la carretera, donde tomamos rumbo Arusha. La carretera es un continuo sube baja, con más tráfico del que nos gustaría. Pero al menos, el firme es muy bueno.

Carretera de Arusha

A medio camino hacemos una pequeña parada en un bar de carretera para beber y comer algo. Allí hablamos con un chico que habla inglés bastante bien. Tiene un pie escayolado, se lesionó jugando al fútbol. Nos habla de las ganas que tiene de volver a jugar, cómo sueña con jugar en Europa y labrarse un futuro como futbolista. Nos habla con mucha ilusión, y lo cierto es que ese futuro, aunque improbable, es prácticamente el único futuro prometedor que puede tener. En caso contrario su futuro será feliz, seguro, pero no podrá realizar los sueños que nos ha contado.

Tras mucho tráfico y mucho calor llegamos a Arusha, al mismo hotel del que habíamos salido. Y en el que nos han cuidado muchísimo. Elisante nos ha cuidado bien, y a nuestra vuelta ya teníamos nuestras maletas en la habitación. Lo agradecemos mucho, después de todo han sido 71 kilómetros con perfil ascendente en nuestro último día. Nos hemos ganado la ducha.

No se cómo concluir esta narración. El viaje ha sido alucinante. El paisaje espectacular. Y la gente, como en cualquier país (esto no es ninguna novedad) acogedora y siempre bienintencionada.

Nos quedan unos días de safari, ya en modo turista convencional, para cargar nuestra retina (y nuestro carrete) de fotografías. Pero si la bici acaba aquí, la historia acaba aquí. ¡Hasta la próxima!

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Tanzania 4, de Olpopongi a Kikuletwa Hot Spring
septiembre 102017

¡Menuda noche! Hoy sí que hemos descansado, y en uno de los mejores lugares para hacerlo. En medio de la sabana tanzana, muy cerca de Kenia, en una confortable choza de barro y ramas. Y recalco lo de confortable, porque realmente, lo era.

Silencio absoluto, una cama hecha con ramas pero muy cómoda, y un pequeño tragaluz en la pared que permitía ver la salida del sol. En resumen, no se me ocurre un lugar mejor en el que descansar.

Nuestra cabaña en Olpopongi

Nuevamente, un buen desayuno para arrancar el día y salimos hacia Kikuletwa. Después del tramo infernal de ayer, en obras, donde nos tuvimos que pelear con un montón de camiones, hoy nos apetecía un poco más de tranquilidad. La primera parte de la ruta es tranquila, deshacemos el camino andado hacia Olpopongi y salimos a una pista que nos lleva hacia la carretera que rodea el Kilimanjaro.

Saliendo de Olpopongi

Y de repente, la sorpresa del día. Como ciclista, uno está acostumbrado a que los animales se crucen en el camino. No es raro encontrarse, en según qué zonas, con corzos o jabalíes que huyen, o incluso se pasean por delante sin importarles quién venga. Y siempre te arrancan una sonrisa. Pero no hay corzos ni jabalíes en Tanzania. Esta vez fue una jirafa la que se cruzó en nuestro camino.

Una jirafa en nuestro camino

He de confesar que la imagen no representa para nada lo que sentimos. Esta fue la primera vez que vimos una jirafa en libertad, y nos pareció impresionante. Me temblaba el pulso y era incapaz de sacar mi cámara. No por miedo (aunque un poco de respeto sí que da, es muy grande…) sino por los nervios de ver a tan maravilloso animal, mirándonos fijamente, pensando tal vez que éramos una especie de marcianos, con nuestra piel blanca y nuestra ropa ajustada de colores chillones.

Miramos a nuestra izquierda y vemos un grupo de jirafas, mirándonos fijamente desde la altura. Parecían submarinistas, asomando de forma simpática su cabeza sobre el horizonte. Sus orejas y pequeños cuernos nos hacen sonreír. No sabemos cuántas hay, pero no menos de una treintena.

No nos quitan ojo…

Vemos también un grupo de cebras. Pero nuestra atención sigue con las jirafas. Nos acercamos poco a poco, y a esa misma velocidad se va a alejando nuestra amiga. A lo lejos, unos niños la asustan y vemos como se aleja corriendo. Sus movimientos parecen ir a cámara lenta, pero desaparece de nuestra vista en muy poco tiempo.

Esta experiencia bien merece un viaje. Tenemos la energía a tope para continuar la ruta.

Seguimos por la pista y, poco más adelante, salimos a una carretera asfaltada, que es bienvenida por nuestros maltrechos traseros. Avanzamos a buena velocidad, atravesando multitud de pueblos. Hacemos alguna parada para hidratarnos (qué buena está la Fanta piña, por cierto).

Poco más adelante atravesamos la transitada carretera que une Arusha con Moshi, y nos salimos nuevamente a una pista bastante rota. Se acabó la comodidad.

Estamos doloridos. No hay duda de que esta pista nos está haciendo daño. Afortunadamente no nos queda demasiado para destino y, aunque la pista no es muy bonita, nos deleita con alguna bonita imagen. Como la de este baobab, imagen inconfundible de África.

Baobab

Días más tarde íbamos a tener oportunidad de probar su fruto. Aviso, ¡está bastante malo!

Finalmente llegamos a Rundugai. Habíamos quedado con Ndoss, el responsable de Rundugai Cultural Tourism. Al parecer, el gobierno de Tanzania intenta promover el turismo más allá de las grandes agencias organizadoras de safaris, en un intento por dar visibilidad y oportunidades de trabajo a la gente local. Y en Rundugai lo hacen bastante bien.

Ndoss nos explica el programa de dinamización existente en Rundugai, que va desde las visitas guiadas, a alojamiento y comida con la gente de la zona. Pero nosotros hemos venido con otra idea, que es la de pasar una noche de camping en Kikuletwa hot spring. Así que Ndoss llama a un boda boda y nos dirigimos a Kikuletwa. Y sí, casi se nos olvida, ¡por fin el cielo se abrió y vimos el Kilimanjaro!

El Kilimanjaro, al fin

Kikuletwa hot spring es una pequeña charca de agua termal que brota como un oasis en medio de una zona muy árida. Nos encontramos ante una vegetación casi selvática en medio de un extenso secarral. El lugar es precioso, y tendremos la oportunidad de pasar la noche aquí.

Kikuletwa hot spring

Pero no nos engañemos. Hoy, 10 de septiembre de 2017, es domingo. Y los domingos, estés donde estés, hay mucha gente. Kikuletwa está lleno de gente, mayoritariamente turistas, y el lugar dista mucho de ser el lugar tranquilo y apacible que esperábamos. Tendremos que esperar a que den las siete y cierren las puertas, para quedarnos tranquilos.

Y así fue. Tras un relajante baño, montamos nuestra tienda y nos quedamos solos con el guarda que cuida esta zona. Nos preparamos algo de cena que degustamos alrededor de una improvisada hoguera. Mañana, vuelta a Arusha.

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Tanzania 3, de Kamwanga a Olpopongi

Tanzania 3, de Kamwanga a Olpopongi

Descubriendo al pueblo Maasai

septiembre 92017

Hoy hemos disfrutado sufrido una noche complicada. Hemos elegido quedarnos a dormir en el centro neurálgico de la marcha nocturna. Hasta altas horas hemos escuchado, a todo volumen, la música de moda en esta zona. Después han venido las juergas nocturnas en las habitaciones contiguas… en resumen, no ha sido sencillo dormirse. Afortunadamente estábamos muy cansados y, aunque no hemos dormido todo lo que nos habría gustado, al final pudimos descansar.

A la mañana siguiente nos prepararon el que posiblemente sea mi desayuno más calórico hasta la fecha, a base de unos pancakes tan gordos que ni siquiera los podíamos enrollar. ¡Había que partirlos por la mitad! Y por si hubiésemos quedado con hambre, nos prepararon alguno más para llevar.

Ahora tocaba pagar: cena para tres, habitación para nosotros y desayuno para tres (nuestro guía se apuntó nuevamente) nos salió por 10€ en total. Y eso a precio para nosotros, los mzungu. O lo que es lo mismo, personas blancas.

He de reconocer que disfruto especialmente de estas experiencias. Nada de lo que allí vivimos se paga con dinero. Todo es fruto de estar en ese momento y ese lugar. Nunca olvidaré a nuestro querido profesor y lo bien que nos trató.

Llegó el momento de dejar Kamwanga. Salimos a la carretera y vemos que acaba justo a la salida del pueblo. De los aproximadamente 70 kilómetros de la etapa de hoy, tan solo haremos 200 metros de asfalto. Lo demás, pista polvorienta.

El cielo está nublado, lo que nos impide ver, nuevamente, el Kilimanjaro. Van pasando los días y seguimos sin verlo. No hay duda de que está ahí pero, ¿se dejará ver?

Pista de Kamwanga

La pista no tiene tráfico y está muy, muy rota. Avanzamos unas horas hasta que llegamos a un punto donde empezamos a encontrarnos con muchos camiones y maquinaria. Parece que están tratando de convertir esta pista en una carretera. Lo que nos queda hasta que nos desviemos de las obras se convierte en un pequeño infierno. Grandes camiones adelantándonos, pasando muy cerca de nosotros, y levantando una cantidad de polvo tal que prácticamente nos obliga a parar. Una pequeña tortura que no empañará un día genial.

Más adelante nuestro camino se separa, al fin, de esta carretera en obras principal. Nos dirigimos a Olpopongi, una pequeña aldea maasai acondicionada para el turismo, que acepta huéspedes pero que está gestionada por maasai. Una aldea maasai que se reserva en Booking, muy extraño. Ya tenemos muchas, muchas ganas de llegar.

Llegando a Olpopongi

Lo que viene a continuación es maravilloso. Nos salimos de la pista y nos lanzamos, viento  favor, por unos caminos estrechos con un firme muy, muy duro que nos permite avanzar muy rápido. El paisaje es maravilloso y la pista, divertidísima. Hacemos dos pequeños altos en el camino. Uno, para curar las heridas que una wait a bit thorn (Acacia mellifera) le causó a Nines en el brazo. Y es que, tanto nos liamos a correr, que ajustamos demasiado las curvas. La segunda parada fue para presentarle al guardia del parque nuestro pase.

Después de 65 kilómetros llegamos a la aldea. Ha sido una etapa corta pero incómoda. Y lo pasamos genial.

En la aldea nos reciben con un baile de bienvenida.

Baile de bienvenida en la aldea

Tenemos polvo por todas partes, así que lo primero de todo es una ducha. Todo un lujo en un lugar como este, que no dispone ni de corriente eléctrica. La ducha, increíble, con preciosas vistas a toda la sabana. Tras la merecida ducha, las experiencias en la aldea se suceden. Primero, una visita al museo etnográfico de la aldea. Después, un maravilloso trekking alrededor de la aldea, donde el jefe nos muestra toda una serie de datos y curiosidades acerca de la cultura maasai.

Jefe maasai

Historia maasai, cultura, tradiciones, y hasta cómo fabricar un cepillo de dientes con las ramas de una acacia.

Trekking por Olpopongi

Y como no, el motivo por el que la aldea se llama Olpopongi. Coge su nombre del Olpopongi (nombre en suajili), el árbol con el que construyen sus chozas. Al parecer, es tóxico para los insectos, con lo que se ahorran unas buenas capas de barniz.

Árbol Olpopongi

También tratamos de ascender al rango de maasai, el cual se consigue mostrando tu habilidad con la lanza. Y fracasamos estrepitosamente. Después, un té maasai con la anciana de la aldea, otra gran experiencia. Sin duda, será un día que no olvidaremos jamás.

Entrada a la aldea

De vuelta a la aldea, una buena cena con cerveza (¡sí, tenían cerveza!) y a dormir en una confortable choza. ¡Buenas noches!

Anochecer en Olpopongi

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Tanzania 2, de Lake Chala a Kamwanga
septiembre 82017

Hemos pasado una noche magnífica en el lago Chala. Nuestra primera noche de camping sin mosquitos, eso es una buena noticia. Aunque nuestro organismo va cargado de malarone, no tenemos ningún interés en probar su eficacia.

Ha sido una noche maravillosa, el lugar no puede ser más tranquilo y el único sonido que hemos oído ha sido el de algún ave nocturna. Tras desmontar la tienda, nos vamos a por el desayuno. Una tortilla de vegetales nos estaba esperando, frente a las preciosas vistas del lago Chala. Vamos a echar de menos este sitio…

Pero no hemos venido aquí a descansar, sino a montar en bicicleta. Así que cargamos las alforjas y nos lanzamos, camino arriba, hacia la pista que nos llevará a la parte norte del Kilimanjaro, la llamada lower road.

Nines, lower road

Iñaki, lower road

La pista va ganando altura poco a poco, nuestro destino de hoy está bastante alto. El terreno no está muy roto, pero ni de lejos representa el lujo del día anterior. Las rocas asoman entre la tierra y hacen que la marcha sea, por momentos, más incómoda de lo deseado. No nos cruzamos con ningún coche, tan solo motos. Muchas motos. Los famosos boda boda, los taxis más baratos (y más peligrosos) de África. Muchos nos adelantaron a gran velocidad, con sus viejas motos y ruedas lisas… no parecen muy seguros, y todos nos informaron de la cantidad de accidentes que provocaban.

Lower Road

Poco más adelante salimos a carretera asfaltada. Hoy tenemos muchos kilómetros que hacer, así que nos viene muy bien. Pasamos por varios pueblos con mucha vida, los que están en la frontera entre Tanzania y Kenia. El tráfico, sobre todo de camiones, es muy intenso, aunque rápidamente nos alejamos de esta zona y el tráfico disminuye.

La carretera asciende poco a poco, la etapa de hoy nos llevará desde los poco más de 900 metros del lago Chala hasta algo más de 2000. Afortunadamente, la carretera es buena y podemos avanzar con facilidad. La altitud se nota, empieza a hacer algo de frío y hasta nos llueve ligeramente. Estamos en la falda del Kilimanjaro pero seguimos sin verlo, las nubes lo tapan todo.

Tras ocho horas de bici llegamos a Kamwanga. Aquí nos estaba esperando el profesor, un maasai que trabaja como coordinador del Centro Cultural de Kamwanga. Esta sería la experiencia más auténtica del viaje. Y para empezar, una cerveza.

Kamwanga Guest House

Nos alojamos en un modesto guest house. Tras una ducha, dejamos nuestros trastos por la habitación y nos vamos a conocer el pueblo.

Habitación en Kamwanga

El profesor nos llevó por todo el pueblo, presentándonos a la gente y contándonos cómo, y de qué, se vive en estas zonas. Evidentemente, la agricultura domina la economía de estos pueblos, sobre todo los plátanos. Por otro lado, nos sorprendió ver, en un pueblo tan pequeño, una mezquita, una iglesia católica y una iglesia protestante. Todos juntos, en un pequeño espacio, y en paz.

Tras la visita por el pueblo estamos hambrientos. Invitamos al profesor a cenar con nosotros nos damos un pequeño festín de comida local, muy muy buena. Y de aquí nos vamos para la cama, el día ha sido largo y necesitamos descansar. Lo que no sabíamos es que la noche iba a ser larga también… pero eso lo contaré en la próxima entrada.

Cena en Kamwanga

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Tanzania 1, de Moshi a Lake Chala

Tanzania 1, de Moshi a Lake Chala

Un comienzo inesperado

septiembre 72017

Por fin vamos a pedalear por Tanzania. Después de una llegada complicada, al ver que nuestras bicis no habían volado con nosotros y se habían quedado en algún aeropuerto (posiblemente en Nairobi), todo se solucionó. Desde el aeropuerto avisaron Elisante, el encargado del hotel, de la llegada de las bicis a las oficinas que la compañía aérea tiene en Arusha, y éste nos gestionó un transporte para ir a por ellas. Aprovecho para darle las gracias a Elisante por la ayuda prestada, aunque no creo que me lea.

Calles de Arusha

Y una vez solucionado todo, un transporte nos llevó hasta Moshi, lo que nos quitaba de en medio una fea y transitada carretera que no aportaba nada más que peligro y un día más de bici. El viaje comienza, ¡estamos listos!

¡Empezamos!

Desde nuestro punto de salida comenzamos a circular por caminos, entre las humildes casas de las afueras de Moshi. El camino nos sorprendió mucho, esperábamos un terreno seco pero nos encontramos con mucha vegetación y, sobre todo, mucha gente. Se agradece ver vida por los caminos, y no tener que preocuparse por el agua y la comida es todo un lujo. Cada pocos kilómetros nos encontrábamos con algún bar donde poder comprar bebida y algún tipo de alimento. Aunque durante esta primera etapa no nos hico falta ya que, por precaución, salimos bien cargados.

El camino estaba muy pisado y el firme era muy duro, lo que unido a un perfil ligeramente descendente nos permitía ir muy rápido, más incluso que por asfalto.

Haciendo kilómetros

Kilómetros más adelante nos adentramos en una zona más desértica. La vegetación disminuye, así como la frecuencia de gente. El paisaje es maravillo y nos encontramos con nuestras primeras acacias y nuestro primer baobab. No hay duda, estamos en África.

Pedaleando por África

Salimos durante unos pocos kilómetros a la carretera para volver nuevamente a un camino. Pista dura en continuo ascenso, con mucha piedra y algún que otro camión. Y es que esta pista es la carretera principal que une todos esos pueblos.

Nos desviamos de la pista en un cruce a la derecha, rumbo al Lago Chala por un camino descendente muy rápido. Felices por un lado, la gravedad juega a nuestro favor. Por otro lado… mañana tendremos que subir por aquí!

Antes de llegar al Lago Chala toca pasar por el control de entrada. El entorno de este lago, una caldera volcánica situada entre Tanzania y Kenia, representa una reserva natural con entrada restringida previo pago de una tasa que sólo los turistas se pueden permitir. Pasar la noche en el entorno del lago no es barato para nosotros, con lo que entiendo que para los locales es prohibitivo. Además descubrimos que no muchos turistas deben llegar al lago sin un guía, porque la persona encargada de cobrar la tasa de entrada apenas habla inglés. Después de un rato, conseguimos pasar y llegar al lago. 80 kilómetros de etapa, nos lo hemos ganado.

Lake Chala

Y mereció la pena. Un tranquilo lugar con unas bonitas vistas, y un camping confortable donde pasar la noche nos estaba esperando. Una buena cena y a dormir. Mañana nos espera un día largo.

Camping lago Chala

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